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Capítulo 2.
Alternativa

*

Sakura inspeccionó cuidadosamente el pulso del chico, era la tercera vez que lo hacía. De igual modo había inspeccionado escrupulosamente los análisis de sangre y mirado reiteradamente las radiografías que se le habían tomado a Lee. Al final se limitó a dar un largo suspiro y mirar a Lee durante unos instantes. Al chuunin de la Hoja no le gusto eso, quien conocía de sobra las expresiones en el rostro de los médicos; sabía que ese suspiro no auguraba algo bueno. Y no era el único, un tanto alejado de la escena, Gaara esperaba pacientemente a que la kunoichi médico concluyera algo más esperanzador.

-Que cara tan seria Sakura-san, me estás dando algo de miedo – Lee sonrió dulcemente, haciendo que la chica riera un poco –

-Lee-kun, siempre has sido un pésimo paciente – La chica se cruzó de brazos – Apuesto a que sigues entrenando como loco… Pesé a que te dije que estaba estrictamente prohibido –

Gaara miró severamente a Lee, quien no pudo evitar un escalofrío al sentir el reproche de ambos.

-Sólo el tiempo que Gaara-kun está demasiado ocupado, el resto del tiempo lo pasó con él y claro sin entrenar –

-Ya veo, debes seguir tomando los medicamentos, eso evitará el dolor – entrecerró los ojos contemplándolo un tanto impaciente – Aunque odias tomar medicinas… Vamos, aquí traigo una mezcla especial que hice especialmente para ti, estoy segura de que te sentirás mejor – Dijo abriendo un pequeño termo.

Un goterón bajo por la mejilla del amo del taijutsu cuando viera a Sakura verter un té de extraño color de aquel termo. Y no únicamente era el indefinido color que tenía aquel raro batidillo, poseía un aroma todavía más extraño…  Seguro que sabía de la misma forma que se veía. Lee sin embargo, era un caballero y no despreciaría el esfuerzo de la bella chica; agradeció sinceramente sus atenciones y bebió de golpe hasta la última gota del turbio líquido. Suspiró una vez lo tomara todo, regalándole una sonrisa a la pelirrosa.

-¿Y qué tal? – Pregunto ella sirviendo un poco más.

-Algo fuerte, pensé que el sabor sería otro – Dijo cordialmente el chico. Claro que no, el té había sido todavía más terrible de lo esperado. Tan solo con el primer sorbo de aquella espesa mezcla deslizándose lentamente por su garganta, se había sentido a punto de vomitar. Pero aquello no se trataba del sabor, Sakura era un excelente ninja médico y el azabache confiaba plenamente en sus conocimientos – Gracias –

-Bueno, ahora debes dormir un poco para maximizar el efecto. Vámonos todos, usted también Kazekage-sama –

Apenas se alejarán lo suficiente de la habitación, Sakura pudo sentir la inquisidora mirada del joven pelirrojo sobre ella. Se detuvo, sin atreverse a mirar a los ojos al joven pelirrojo.

-Se lo que quiere preguntarme, y lamento mucho no poder darle buenas noticias -  murmuró la chica de ojos verdes – El té es bueno, lo relajara y no sentirá dolor durante muchas horas. Cuando el efecto haya pasado, yo me aseguraré de que Lee no tenga molestias, se lo prometo. Al menos hasta que… –

-Ya lo sé, no tienes que decir nada – El Kazekage de la arena le dio la espalda renuente a escuchar sobre ese momento - ¿Crees que ha habido alguna mejoría? ¿Aunque sea pequeña? -
Sakura suspiro, no pudiendo encontrar palabras adecuadas.

-No. Ninguna en absoluto, todo lo contrario –

Gaara tragó saliva sin mirarla. Ya lo suponía.

-Lee-kun sigue entrenando pese a su condición, eso no le va a ayudar en nada. Sus músculos, principalmente su corazón se están empezando a deteriorar rápidamente. El tipo de chakra que invade su cuerpo es algo inusual y no existe tratamiento conocido. Kazekage-sama... –

-Entiendo… - El joven Sabaku sintió esa conocida y desagradable sensación en su garganta.

- Kazekage-sama, se que no es el mejor momento… Pero quiero hablar con usted sobre cuando llegue “ese día” No debe olvidar que sin importar si estamos en Sunagakure… Lee sigue siendo un shinobi perteneciente a la Hoja… -

Gaara entrecerró sus ojos. Ya sabía a donde iba todo esto, ahora tenía sentido.
Tsunade había pedido a su mejor alumna ir y estar con Rock Lee. Por supuesto esa orden no tenía razón alguna, pues no había mucho que hacer por el joven chuunin ¿Por qué enviar a uno de sus mejores ninjas para vigilar a un shinobi desahuciado? Era cierto que aquello podía ser un gesto de amabilidad con el Kazekage, pero finalmente el pelirrojo comprendía el motivo real: Sakura tenía la misión de llevar de vuelta a Konoha a Lee, vivo o muerto.

-Comprendo, se que todos los ninjas que mueren lejos de su kaaldea deben ser llevados de vuelta a su aldea de origen,  por seguridad suya claro esta– murmuró Gaara – Sin embargo, Lee no abandonará Sunagakure, nunca. Puedes decírselo a Tsunade –

La kunoichi suspiró. Ya se esperaba una respuesta como esa.

-Kazekage-sama, comprendó su situación pero debe entenderlo por favor, Lee no pertenece a esta aldea, el vino aquí con un permiso especial, sin embargo jamás se acepto que fuera shinobi de esta aldea. El es parte de Konoha… -

-¡No se irá! – defendió ferozmente el ojiverde mirando a la joven –

-¡Pero Kazekage-sama! –

-Si quieren comenzar un conflicto por algo así, estoy dispuesto a aceptarlo. Rock Lee se queda en Sunagakure -  sentenció antes de moverse rápidamente y perderse de la vista de la pelirrosa.

-Capitana… ¿Qué hacemos? – murmuró otro ninja acercándose a Sakura. Ella sólo negó.

-Tranquilo, esta tratando de asimilar esto. Pero no hay nada que alguien pueda hacer por Lee, nisiquiera el Kazekage -

*

Aquella noche no durmió. Y si bien para Gaara no era algo fuero de lo común, le preocupaba ser incapaz de volver a dormir algún día.

Permaneció inerte, casi sin pensar durante largo tiempo. Se abstuvo de hacer otra cosa qe estar sentado sobre el blando colchón de la cama y mirar las estrellas que adornaban el cielo desértico de Sunagakure ¿Cuántas veces las había mirado? ¿Cuantas noches había pasado despierto teniendo como único consuelo mirar el fulgurante brillo de la luna y las estrellas?

Le gustaban, le ayudaban a pensar. Pero ahora había mucho que pensar… No había salida.  

Miró a un lado suyo, donde Rock Lee hacía el difícil intento por descansar, toda la noche había tenido fiebre y parecía que seguiría así. Gaara posó su mano en la frente del azabache, mordiendo sus labios al comprender que aquello empeoraría antes de mejorar. Sus ojos se posaron en los fuertes brazos, donde había pequeñas zonas amoratadas. Ese chakra envenenaba rápidamente su cuerpo  y nadie podría detenerlo.

Una semana… Sólo eso.

Era el tiempo de vida que Tsunade le había augurado al shinobi de Konoha, otro ninja quizás habría muerto el mismo día que fuera atacado, pero la tenacidad de Lee no le permitiría vivir tan poco. Pese a esa tremenda fortaleza, la Hokage había pensado que era mejor no decirle al chico de pobladas cejas el tiempo exacto, le parecía algo desmesuradamente cruel. Gaara sin embargo, merecía saberlo. Ahora mismo se preguntaba si realmente esto estaba pasando ¿Así iba a terminar la vida de Lee?

Alguna vez él mismo había estado a punto de arrebatarle la vida. Ahora sería el mismo quien se la salvaría, todavía había algo que podía hacerse.

El joven Kazekage se puso de pie, colocando otro paño húmedo sobre la frente del sudoroso chico azabache.

-Te ayudaré… No importa el precio – siseó en un suspiro antes de salir silenciosamente de la habitación.

*

Gaara salió de la habitación, desviando su ruta habitual y dirigiéndose a una zona un tanto oculta en el enorme edificio. Cruzó en silencio varias habitaciones y subio unas cuantas escaleras antes de poder aproximarse. Era un camino complejo que solo algunos además de él conocían, y por buenas razones. Pronto llego a un corredor más amplio, topándose al final con un par de shinobis que vigilaban esa sección del palacio en específico. Ambos ninjas parecieron sorprenderse enormemente cuando la figura austera del joven Sabaku llegara hasta ellos.

-¿Kazekage-sama? – murmuró uno de ellos bastante sorprendido – Señor ¿Qué hace tan aquí tarde? –

Un suave ademán de su cabeza les hizo entender que se hicieran a un lado. Sin pensarlo ambos shinobis se movieron rápidamente, despejando el paso al excéntrico muchacho, quien sin más se adentro en el oscuro pasillo que estaba bajo vigilancia las veinticuatro horas del día.

-M-mi señor – murmuró el otro un tanto desconcertado - ¿Va a ir sólo a esa sección del palacio? ¿No desea que lo escoltemos? Deberías llamar a más ninjas ¿No cree?–

-No es necesario, volveré en seguida – murmuró sin decir más. Pronto el joven se perdió de la vista de los dos guardias, sumergiéndose en el oscuro pasillo. Conforme avanzaba podía sentir esa antigua opresión en su pecho y ese nudo en la boca del estómago. Estaba cerca… Ya podía sentirlo. Se detuvo de golpe, justo cuando se encontrará con una amplia puerta de madera que permanecía firmemente cerrada, numerosos sellos la cruzaban de extremo a extremo – Bien… - Un giro de su mano y su arena había despegado en un abrir y cerrar de ojos cada uno de los sellos, haciendo que las puertas se abrieran de inmediato.

En el interior de apartada habitación no se definía mucho, no había ventanas y aparentemente nisiquiera muebles. Gaara apenas piso el interior de la habitación, incluso siendo el Kazekage no se podía arriesgar mucho. Un viento denso y atemorizante emergía de la densa oscuridad, acariciando el rostro del joven Sabaku.

-Shukaku – murmuró con voz firme el chico – Despierta -  

A su voz siguió un profundo y sonoro bostezo, una figura se removía en la oscuridad y pronto un par de brillantes ojos dorados se abrieron con lentitud, contemplando al muchacho pelirrojo.

-¡Ohhh! Pero a quien tenemos aquí. Ni mas ni menos que al pequeño Gaara – el tono juguetón de su voz paso entonces a uno  más serio, uno con el que el Sabaku debía tener cuidado – Es una sorpresa en verdad niño… Tanto tiempo… -

El ojiverde arrugó la nariz ante la clara amenaza que se formaba frente a él, pues la arena demoniaca se arremolinaba y enredaba entre sus piernas. Shukaku había sido su bijuu la mayor parte de su vida pero finalmente habían sido separados cuando Akatsuki se apoderara de él. Si bien Sunagakure había sido capaz de recuperar a aquella bestia, Gaara no había aceptado que Shukaku fuera sellado en él o en cualquier persona, así que finalmente y ante la locura de dicho ser, no habían tenido más alternativa que sellarle en aquella habitación. Era por supuesto un medio inadecuado para el poderoso demonio, inestable, pero la única opción mientras encontraban una manera de liberarlo sin que causara daño.

-Es muy grande tu atrevimiento Gaara… - masculló con furia el demonio mientras ráfagas de frío viento salían de la habitación – Venir solo… Aparentemente sin recordar que fuiste tú quien dio la orden de mantenerme aquí… Hay que ser muy valiente, o muy idiota diría yo, je -

-Shukaku – siseó el pelirrojo sin dejarse amedrentar por el poderoso monje – Necesito tu ayuda –

Las remolinos de viento y arena que se mecían amenazantes, cesaron.

-Ahh… Esto sí que es interesante ¿Qué dices? ¿Ayuda? Tienes la osadía y el cinismo de venir aquí, ¡Tú! ¿A pedir mi ayuda?  – Por grandes momentos sólo hubo silencio… largos, interminables. Gaara temió que inmerso en su rabia, Shukaku lo atacaría en cualquier momento, pero no fue así. Al final, la socarrona voz del demonio mapache resonó  con fuerza en una ensordecedora y aterradora carcajada -¡Mi ayuda! ¡Claro! ¡Pide lo que quieras niño! ¡Para eso estoy aquí! ¡Para ayudar a todos los despreciables seres humanos que lo piden! – continuo hilarante el demonio, riendo sin poder parar.

El Sabaku suspiró mirando molesto al demonio. Si bien era una criatura malévola, no dejaba de comportarse como lo que siempre había sido, un mapache risueño y extravagante.

-Hablo en serio –

-Ah… - Poco a poco el demonio pareció calmarse, aunque eventualmente soltaba un quejido de buen humor – Vaya, y dime Gaara… ¿Cómo porque habría de ayudarte eh? – El bijuu se removió perezoso, no podía evitar sentir cierto interés en que podía orillar a Gaara a hacer esto.
Algo que jamás se habría atrevido en otra época.

-Me ayudarás porque… -apretó sus puños, tomando determinación – Porque estoy dispuesto a pagar el precio justo por tu ayuda –

Esta vez fue el turno de Shukaku de tener que aguardar en silencio, acercándose un poco al pelirrojo frente a él.

-¿Escuche bien? ¿Cualquier precio? – Gaara asintió sin siquiera dudarlo – Oh, esto si es sorpresivo… Pero no suena mal. En realidad no suena nada mal – Sonrió de esa forma mordaz y espeluznante que solo poseían las criaturas sobrenaturales – Entonces… ¿De verdad estarías dispuesto? Recuerda que no pediré cualquier cosa –

-Lo que quieras – sentenció el joven Kaze – Pero debes tener éxito en lo que te pido… Dime

¿Puedes curar a una persona? Fue envenenada con un chakra maligno… –

El monje lo miró con extrañeza. Así que el favor no era en sí para Gaara… Más interesante todavía. Ciertamente podía hacerlo, había sido un monje muchos años atrás así que tenía habilidad para manipular cualquier chakra, sin embargo…

-Por supuesto… ¿A quién deseas curar? ¿Alguno de tus hermanos tal vez? –

-Lo sabrás pronto – sentencio el chico extendiendo su mano en dirección al ente – Esta bien, acepto el trato. Hazlo –

Shukaku sonrio, ya suponía que Gaara sabía lo que él deseaba. Y lo obtendría, sin importar quien se interpusiera en su camino.

*

Continuará…
Capítulo 2. Resistance (Resistencia)


El amor es nuestra resistencia
aún si ellos nos mantienen separados
y no se detienen hasta vernos divididos
Yo esperaría mil años
Sólo por verte sonreír

*

Abrió la puerta poco a poco, apenas lo suficiente como para mirar en el interior de la oficina. Aunque quisiera, no podía perder esa desagradable costumbre de acercarse con el máximo cuidado posible. Kazehiko miró al fondo, ubicando en un instante la austera figura de su padre en el fondo de la oficina; mismo que sin perder tiempo le hizo una señal con la mano, indicando al más joven que podía pasar y que cerrara la puerta tras él.

No era un secreto para Kazehiko que algo estaba alterando a su padre más allá de su desobediencia. Dentro del mundo de la mafía japonesa era algo de lo más natural ver a las personas sucumbir por el estrés. No obstante, el cabecilla yakuza llevaba la gran responsabilidad de mantener la calma ante las peores situaciones y tranquilizar a su gente. Como líder de su clan, su padre había llevado dignamente ese cargo, mostrándose asombrosamente tranquilo, incluso en los momentos más terribles de su vida, al menos, así había sido mucho tiempo. Ahora mismo Kazehiko podía percibir en el algo diferente. Estaba distraído un tanto descolocado, y supuso que era su culpa. El joven escritor se acercó, sentándose dudoso frente al escritorio de su padre.

-Voy a ser breve – susurró Sabaku no Kibishi -Lo que hiciste puso en riesgo a nuestra familia. Lo sabes bien, no tengo que explicarte nada ¿Cierto? – Kazehiko permaneció cabizbajo, silencioso. Miraba como su padre acariciaba pacientemente el cuenco de sake en su mano. Por supuesto que lo sabía.

Ellos dos eran los últimos integrantes de la familia Sabaku... El resto había tenido un desenlace más bien desafortunado a manos de familias enemigas. Todos. Hermanos, tíos, primos… incluso la esposa del jefe Sabaku. Con los años el clan Sabaku se había ido reduciendo hasta dejarlos a ellos como único vestigio de que esa poderosa dinastía había existido. No era de extrañarse que su padre estuviera sumamente interesado en que su hijo se casará y procreará una familia, estaban al borde de la desaparición.

El jefe Sabaku presiono sus sienes, buscando paciencia para su hijo ¿No comprendía acaso el papel tan relevante que tenía? No era exageración suya protegerlo de esa manera… casi enclaustrándolo en los dominios de su familia. Si el joven Sabaku llegará a morir, el clan entero lo haría.

-Date cuenta… - reitero su padre – Un día seras el cuarto…. -

Kazehiko esbozo una mueca, bastante cansado de escuchar las mismas palabras que se le habían repetido desde que fuera un niño. En aquellos momentos había cientos de clanes yakuza que regían su país. Pero sólo cuatro, eran quienes realmente llevaban la batuta y el liderazgo absoluto. Cuatro… Cuatro hombres que tenían el destino de ese país entre sus manos, y su padre era uno de ellos. El Cuarto Gran Señor Yakuza. Yondaime-sama.

–Si alguno de los jefes yakuza se hubiera percatado… Tú... -

El más joven levanto el rostro, mirándole no de muy buena gana.

-Ya estaría muerto, lo sé – completo el más joven- Y supongo que merezco un castigo ¿No? ¿Qué tal uno como el de Baki? – Murmuro con amargura, confrontando a su padre. No había olvidado su rabia pese a la tensa situación – Te resulto muy efectivo ¿O no?… Baki aún permanece dormido, y dudo que le queden deseos de desobedecerte nuevamente – siseó con rencor.

Kibishi permaneció en silencio, mirándolo con seriedad. Siendo honesto, ya había pensado en castigarlo con la misma severidad, pero al final no se habría atrevido a ponerle un dedo encima. El joven nunca comprendería que tras las máscaras de dureza y la horrible naturaleza de sus castigos, se hallaba un padre que lo amaba genuinamente y que se preocupaba profundamente por él, más allá de lo que debía. El mundo en el que vivían no le permitía expresar mucho sus emociones, pero herirlo físicamente no era aceptable para él, sin importar lo grave que fuera su desobediencia.

-El deber de Baki es evitarte estos errores… Si no es capaz de prevenir que cometas una tontería de esa magnitud, simplemente no está haciendo bien su trabajo - repuso poniéndose de pie – Creció a tu lado con el único fin de protegerte -

-Baki es más que un simple guardaespaldas padre… Es mi mejor amigo – entrecerró sus ojos grises, presionando el posa manos bajo él – Lo justo es que dividas el castigo entre ambos - suspiró, tragando saliva con dificultad. Esta vez no desistiría.

El jefe yakuza mantuvo la calma, pese a sentirse bastante molesto. Miro los ojos grises de Kazehiko, idénticos a los suyos y suspiró resignado. Esa era una respuesta que también se esperaba. Su hijo estimaba lo suficiente a Baki como para enfrentarlo. Sentía pena por ambos. Al igual que había ocurrido con él, Kazehiko estaba destinado a convertirse en un jefe yakuza, y su hijo debía continuar las tradiciones familiares, le gustara o no.

La puerta principal se abrió lentamente, haciendo que tanto padre como hijo desviaran su atención a la entrada.

-Vamos Kibishi – murmuró el recién llegado - ¿Tienes que ser siempre tan rígido y severo con tu hijo? –

Ninguno había notado que una figura ajena merodeaba la oficina y escuchaba de cerca aquella interesante conversación. Permanecieron inertes unos instantes, reconociendo al hombre alto y delgado que les miraba sonriente ¿Cómo habían omitido su presencia hasta ese momento? Kibishi pareció molesto por su presencia, pero Kazehiko suspiro aliviado al ver que aquel “intruso” no representaba ningún peligro.

- Hōzuki - murmuro a regañadientes Kibishi.

-Buenos días, Hōzuki-san – El joven escritor ofreció un amable saludo al levantarse y hacer una reverencia.

De entre todos los cuatro poderosos señores yakuza, “Hōzuki-san”, era probablemente la única persona que realmente le era agradable al chico Sabaku.  Conocido también como el “Segundo Gran Señor Yakuza” o “Nidaime-sama”; era un hombre que ciertamente se salía de los estándares de la mafia japonesa. Rubio, con discreta barba y pequeño bigote, siempre alegre e incluso bromista, Hōzuki-san se había ganado la reputación de ser el más clemente y amable de los cuatro grandes señores yakuza. Sin importar su alto rango en la mafia japonesa, era bien sabido que detestaba herir innecesariamente y el joven Sabaku no podía sino sentir un profundo respeto por su cortesía.

El rubio dirigió su mirada al chico de ojos grises, sonriendo divertido mientras le dirigía una mirada comprensiva al menor.

-¿De nuevo en problemas eh Kazehiko-kun? -  

El chico ojigris no respondió, Hozuki ya sabía demasiado. El joven Sabaku quizás aún no era una figura demasiado influyente en el mundo Yakuza, pero un día lo sería y su cabeza tendría un precio… Sino es que ya lo tenía. Se encogió de hombros, tratando de restar importancia al asunto.

-Mi padre sólo quiere hablar conmigo –

- Hōzuki – irrumpió el jefe Sabaku – Le pedí que esperara en la sala de estar... No tenía derecho a entrar y escuchar sin nuestro permiso – argumento agriamente.

Hōzuki sonrió, acortando la distancia entre ellos. Siempre había sentido simpatía por la familia Sabaku. Especialmente por Kazehiko, ahora más que nunca. Miró el delgado cuerpo del otro, los mechones castaños rojizos y los brillantes ojos grises. El mundo yakuza era un peligro latente para alguien como él. Pues los años se habían encargado de transformar al pequeño y rebelde niño Sabaku, embelleciéndolo notoriamente hasta convertirlo en un joven de encanto codiciable. Suspiró con algo de preocupación. Su hermosura podía llevarlo a cometer grandes errores.

-Lo lamento, fue inevitables escuchar – repuso el hombre rubio, ignorando elegamente al otro jefe y dirigiéndose al más joven – Dime ¿Aún sueñas con ser escritor? – el otro lo miró unos instantes, pensando detenidamente en ello y sonriendo a la vez que asentía. Hōzuki lo miró un tanto desconcertado, desaprobando su necedad - Es un objetivo difícil si tomas en cuenta que eres el sucesor de la familia Sabaku - Su mano alcanzo el hombro del menor – No es que quiera desalentarte… Pero no creo prudente que sigas alargando esto… Tendras que dejar de ser escritor un día –

El ojigris entrecerró sus ojos tristemente. Sí, eso lo tenía muy presente.

-Ya he terminado mi siguiente libro, y… probablemente con eso finalice mi carrera como escritor. Pero nunca dejara de ser mi sueño – agrego optimista.  Hōzuki asintió, le parecía bien pese a todo.

-Qué lástima que no pertenezcas al clan Hōzuki – alegó el mayor en tono más alegre, mirando a Kibishi quien parecía estar conteniendo una queja – Mellar de esa manera tan gran talento… Yo no dudaría en permitirte escribir, y convertirte en el artista que estas destino a ser –

-Kazehiko… Retiráte -  Sabaku no Kibishi no estaba de humor para soportar la tediosa conversación de Hōzuki, tampoco para ver como lo disuadía de seguir la tradición familiar – Hablaremos más tarde –

El joven Sabaku lo miró asintiendo y haciendo una reverancia para ambos hombres, sin quererlo, Hōzuki le había salvado, de nuevo. Salió de ahí sin notar la mirada rabiosa que el líder Sabaku dirigía a su invitado.

-Puedes protegerlo, y aislarlo de lo que más quiere - Hōzuki se dejo caer en la silla mirando con una sonrisa al otro – Pero, ¿Durante cuánto tiempo? –  

Su compañero bufó molesto ante el comentario. Le parecía una imprudencia de su parte acercar a su hijo al mundo del que él deseaba separarlo.

-El tiempo posible, mientras yo esté vivo – sentenció.


*
-¿¡No irás?! –Baki se levanto de la blanda cama con dificultad aunque rápidamente -La presentación de tu último libro es mañana y me dices que solo porque si ¿No irás? –

El joven Sabaku asintió mirando como el otro negaba al tiempo que pasaba angustioso sus manos entre sus mechones negros. Aquella presentación era algo importante… Pero para Kazehiko, no valía más que el bienestar de su amigo.

- No debería… después de lo de anoche no tendré permiso. Y no quiero dejarte solo tampoco… No con él, entiéndelo Baki – su voz sonó preocupada – Además, necesitamos que te vea un médico… No me gusta como se ve tu brazo, y sé que te duele mucho, aunque me contradigas… -

-¿Y si fuera tu último libro? -Baki retiró toscamente el vendaje que cubría su brazo, colocando otro con igual torpeza, sin quitarle la vista de encima a su compañero – Tienes que ir… No sé como, pero no puedes faltar, es lo último que te queda ¿Lo entiendes? Después de esta presentación no habrás más. No más entrevistas, no más presentaciones, ni firmas de autógrafos… No más libros Kazehiko, sé lo mucho que te importa –

El mencionado se acerco, mejorando un poco el hosco vendaje, todo sin mirarlo a la cara. Oh si, lo sabía.

- Escucha - Baki suspiró, tratando de razonar con él– Tú tienes que ir, no importa lo que aquí pase. Kibishi-sama no te lo negará, porque es la última presentación que tendrás, y si no vas… Estarás lamentándolo toda tu vida ¿Comprendes? -

-Pero… -

-Ve – el pelinegro sonrió – Hazme ese favor ¿Si? Yo iré por ti cuando termine tu presentación. Si eso te hace sentir más tranquilo –

No había manera de razonar con él. Ninguna. El joven Sabaku asintió, tranquilizando a su mejor amigo, ahí tendría que estar.

*

De manera habitual, la presentación de un nuevo libro era casi siempre un evento emocionante y muy ansiado para cualquier escritor. En particular para uno como Kazehiko, pocas cosas le eran tan satisfactorias como mirar los rostros emocionados y nerviosos de sus lectores. Mismos que ponían ansiosamente sus libros nuevos frente a él, esperando un autógrafo y satisfacer sus interminables preguntas. Era algo que invariablemente le levantaba el ánimo. Sin embargo ese día, y pese a la numerosa concurrencia y los incontables elogios que recibía al firmar; Kazehiko mostraba un rostro de falsa alegría. Y es que, tal y como lo hubiera asegurado Baki;  aquella era probablemente la última presentación pública que haría. Las cosas cambiarían tajantemente en un par de meses cuando se casara. Pronto el glamoroso mundo de la literatura que tanto amaba sería muy lejano a él, prácticamente inalcanzable.  

-Gracias por acudir – murmuró el joven Sabaku entregando uno de los libros a uno más de sus tantos admiradores – Respecto a tu pregunta, creo que lo que más me ha inspirado son las experiencias del colegio, las relaciones con mis profesores y compañeros han marcado mi estilo como escritor -

Falso. No había acudido a una escuela regular, siempre había sido educado en casa.

Nisiquiera estaba concentrado en las preguntas que se le hacían. Se estaba limitando a ofrecer  elegantes y convincentes respuestas que dejaban satisfechos a los lectores y a su editor, pero que por supuesto, resultaban ser mentira. No podía permitirse que alguien supiera demasiado de su vida privada, ese era el problema de venir de una familia yakuza y al mismo tiempo ser un emblema público. Estaba sentenciado a reservarse todo. Pese a ello, la tarde transcurrió asombrosamente rápida y antes de darse cuenta, se hallaba firmando el último libro y despidiendo a su numerosa concurrencia.

-Muchas gracias a todos por acudir hoy – Esbozo una sonrisa tenue, levantándose de la mesita – Espero sinceramente que disfruten de sus libros, he dado todo de mi porque sea de su agrado – Sus palabras fueron seguidas de un aplauso generalizado y una buena cantidad de ovaciones, mismas a las que tampoco presto gran atención. Su expresión era tranquila, aún sintiéndose desairado al despedirse del artístico mundo que conocía y adoraba – “Disfrútenlo de verdad” – pensó para sí -“Porque será el último de mis escritos” –

Apenas terminará de hablar, las personas comenzaron a abandonar la editorial, sonrientes y satisfechas, sin saber que su querido autor estaba por retirarse del mundo literario. Al cabo de un par de minutos, el lugar estaba prácticamente vacío y Kazehiko miró el reloj: Faltaban sólo un par de minutos para las siete. El escritor se dejo caer en su asiento un tanto desesperado, le parecía un tanto absurda la política de esperar hasta el último minuto, pero no tenía alternativa. Es decir, no creía que alguien fuese a llegar a dos minutos de cerrar todo... Esbozo una mueca de inconformidad, cerrando los ojos sin notar que  alguien se acercaba a su mesita con pasos silenciosos.

-¿Firmarías mi libro también? –

Bueno, siempre había una primera vez. No era de extrañarse que de vez en cuando, apareciera un lector de última hora que llegaba justo cuando él estaba por retirarse. Este admirador sin embargo, era un poco diferente del resto. Kazehiko entreabrió sus cansadas orbes grises; mismas que expresaron al instante una desmedida sorpresa. Sus labios se abrieron, pero sin emitir el mínimo sonido. No lo podía creer.

“Shukaku”

Ese nombre resonó poderosamente en su cabeza.

Y escéptico de lo que sus propios ojos le mostraban; el escritor miró con detenimiento al hombre frente a él. Los ondeantes mechones rubios, la blanca piel surcada por numerosos tatuajes azules y las brillantes argollas doradas que pendían en su oreja... Ese hombre era simplemente inconfundible, Shukaku, el artista, justo frente a él. Como si aquello no fuera una prueba contundente, el sujeto le observaba con una altiva y perturbadora sonrisa. La misma que había contemplado el día del concierto por tan sólo un instante, pero que había quedado grabada para siempre en su memoria.  

-Shukaku… –

El otro hizo una suave reverencia, asintiendo y correspondiendo al saludo con sutileza y refinados ademanes.

Realmente era él ¿Cómo era posible? Kazehiko seguía enmudecido al encontrarse frente a frente con su ídolo, ocultando su emoción lo mejor que podía. Por supuesto era la última persona que esperaba encontrarse en su firma de autógrafos.

-Supongo que iba de salida ¿Eh Sabaku-san? – Los ojos dorados del cantante se posaron en el otro con insistencia - Le suplico me disculpe, sé que es tarde para llegar. Pero como comprenderá, no quería llamar la atención – sonrió – Este evento es suyo y no tengo derecho – coloco con suavidad el libro nuevo sobre la mesa -

El menor miró el libro que había sido puesto en la mesa, no lo pensó mucho por supuesto. No le habría negado ese favor al artista que tanto admiraba. Tomo el mismo, acercándolo lentamente. Aún estaba evidentemente impresionado, y eso no era imperceptible para Shukaku, quien rio en sus adentros complacido al ver la reacción del otro. Era un ególatra… No lo habría negado, tampoco habría negado el hecho de que le gustaba causar ese impacto entre sus admirados. No obstante, con este joven… La sensación era sumamente dulce y satisfactoria. Se acercó un poco más, apoyando sus brazos sobre la mesa, mirándolo sin borrar de su rostro la conocida y temida sonrisa.

-Espero no ser inoportuno – entrecerró sus ojos, mirando con gesto divertido al otro – No podía perderme la oportunidad de conocer a mi escritor favorito, y por supuesto de tener su codiciada firma en mi libro -

-No, para nada. Gracias por venir – murmuró por fin el Sabaku, asombrado de no haber titubeado. Tomo una vez más la pluma, firmando el libro. Se sentía inmensamente feliz de estar entablando una conversación, aunque fuera tan escueta con el cantante, su nerviosismo no le permitía algo mejor. Además, lo que había puesto frente a él era su más reciente creación, realmente no podía creer que Shukaku conociera su obra, incluso que lo considerara su autor favorito.  El rubio suspiro satisfecho al ver las elegantes letras cursivas atravesar el papel.

-Puedo imaginar lo que piensa, Sabaku-san – murmuró el recién llegado ante la cara de asombro del otro - Es bastante gracioso ¿No lo cree? Sin siquiera saberlo, éramos admiradores mutuos. Cada uno siguiendo la trayectoria del otro – lo observo entrecerrando sus ojos color ámbar y cambiando el timbre de su voz a uno más suave y discreto – Tú estabas en mi concierto – Murmuró, esta vez tomándose más confianza al dirigirse al joven - Era imposible que pasara por alto a alguien como tú –

Entonces había sido cierto… Aquel choque de miradas el día del concierto no había sido su imaginación, realmente había ocurrido. ¿Sería cierto todo lo que estaba diciéndole? ¿En verdad había estado siguiendo de tan cerca su carrera? Kazehiko levanto el rostro mirando al rubio que esperaba tranquilamente. Sentía extrañamente… Que aquella no era la primera vez que lo veía.

-Yo… Nunca lo imagine viniendo de una celebridad – murmuró tratando de mantener la  postura seria y fría que lo caracterizada como escritor; pese a que el temblor de sus manos era claramente delator – Es un placer Shukaku-san, arigato gozaimasu. Disfrute mucho su concierto – extendió el libro a su dueño, incapaz de decir o pensar otra cosa. Kazehiko miró discretamente el reloj y a su editor en la puerta haciéndole señas. Se hacía tarde y la librería debía ser cerrada ya.

Shukaku imitó al más joven, mirando como el personal los apresuraba a irse.

-Lo lamento mucho en verdad – repuso el rubio tomando su preciada posición, ahora autografiada y  colocándola bajo su brazo – He de suponer que llevas prisa y te estoy reteniendo – El ojidorado ladeo su rostro, mirando divertido al menor - Sabes Sabaku-san. Tengo un libro en particular, que me sentiría honrado si pudieses firmar – Poso sus ojos ámbar directamente en los grisáceos del otro - ¿Me harías el honor de autografiarlo? –

El moreno lo miró, correspondiendo a su sonrisa y asintiendo un tanto feliz. De verdad no se esperaba que el compositor poseyera más libros suyos. No le veía el problema a firmar otro.

-Aunque no lo tengo conmigo ahora – repuso el cantante – Esta en el hotel donde me hospedo – una estremecedora sonrisa abordo su labios – Sé que no tienes tiempo ahora mismo, pero… ¿Podría verte en otra ocasión?  No me perdonaría el haberte conocido y no pedirte ese favor Sabaku-san–

¿Verlo de nuevo?

La sonrisa en el rostro del Sabaku desapareció entonces. Le habría encantado aceptar, había muchas cosas que él deseaba preguntarle, tanto… que deseaba saber.

- Bueno, eso sería… -

-Kazehiko – Sonó una tercera voz.

Ambos artistas miraron a un lado suyo, donde Baki esperaba paciente, puntual como siempre. El joven Sabaku suspiro, recordando su difícil posición. Tenía prohibido relacionarse mucho con extraños.

-Lo siento, eso es imposible – Musito con firmeza el escritor, colocándose de pie y extendiendo su mano hacia el rubio – Ha sido un honor para mi, pero ya debo irme -  

Shukaku entrecerró sus ojos al percibir la negativa del otro, pero no se rindió.

-Te lo suplico – rogó el cantante – Sólo una vez más – Se acercó, demasiado para el gusto de Kazehiko – Te lo imploró Sabaku-san, permíteme verte una vez más. Significaría mucho para mí. Tú me comprendes, lo sé. Sabes lo que es la inspiración para los artistas como nosotros. Y permíteme decirte, que si hay algún lugar donde yo encuentro inspiración para mis canciones; es en tus extraordinarios libros –

El otro enmudeció al escuchar esas palabras ¿Sería cierto? ¿Sería posible que ambos encontraran inspiración mutua en el arte del otro? El ojigris desvió la mirada, era innegable que el también deseaba hablar con él. Debió negarse terminantemente a aceptar la invitación, negarse a cualquier contacto con el cantante y con cualquier otra persona, y aceptar el cautiverio al que estaba sometido. Pero no pudo. Miró los bellísimos ojos color ámbar, sintiendo que con ellos su voluntad se resquebrajaba y caía ¿Cómo negarle ese tiempo a la persona que llevaba su ingenio al clímax? Sentía que le debía tanto… Mordió su labio, sabiendo que hacía algo incorrecto tan solo al hablar con él.

-Lo lamento – susurró con austeridad – No creo tener tiempo Shukaku-san – hizo una ligera reverencia y levantándose de la mesita – Quizás en otra ocasión -

De nuevo. De nuevo era rechazado por Kazehiko... Los fulgurantes ojos dorados se entrecerraron y una mueca de disgusto abordo sus labios. Bueno, aquella no era la primera vez que lo despreciara, tampoco sería la última, de eso estaba seguro. Sin en cambio, él sabía que acercarse a Kazehiko nunca había sido fácil. Era natural esperar que ahora tampoco sería sencillo.

-¿De verdad no me das ninguna esperanza Sabaku-san? – susurró el rubio justo antes de que el joven escritor atravesará la puerta - ¿Ni la más pequeña? –

El Sabaku se mordió los labios. Ciertamente aquel inesperado visitante lo ponía en una situación difícil. El mismo no quería negarse la oportunidad de volver a verlo.

-Yo… - levanto el rostro mirándolo – El viernes tal vez… venga a la firma de autógrafos de otro escritor, aquí mismo Shukaku-san… Quizás… si tengo algo de tiempo libre. No puedo asegurarle nada -  

“Éxito”

Shukaku sonrió triunfante, lo había conseguido, aunque fuera parcialmente. Tampoco podía ser exigente y esperar que el ojigris aceptara entusiasmado. Esto era seguramente lo mejor que podía esperar, y vaya que no despreciaría la invitación. Se podría decir que había ganado el primer asalto.

-El viernes me parece excelente, estaré aquí sin falta – argumentó, mirando como su querido admirador salía apresurado de la tienda – Espero que estés aquí, mi querido Kazehiko – sentenció con una sonrisa llena de convicción.  Salió lentamente, mirando como el chico subia a un automóvil de vidrios blindados. Tal y como había imaginado…

Al final parecía que era cierto… El joven y pacífico escritor estaba envuelto en un agitado ritmo de vida. Eso solamente lo hacía más interesante.

-Parece ser que… Esto será más divertido de lo que pensé – sentenció con una mordaz sonrisa.


*

Continuará…
Día 1. Shōwa no Hi

*

Gaara tomo con suavidad el arrugado papel de su escritorio, lo extendió con delicadeza sobre el mismo y contempló con igual cuidado la misma. Los exuberantes colores del papel y sus chillantes letras rojas parecían golpear sus ojos, pero pudo leer el contenido.

“ゴールデンウィーク!”

El pelirrojo levanto una invisible ceja. No, no lo había comprendido. Leía las palabras, pero no parecía hallarles sentido alguno. Así que leyó nuevamente, esta vez con más lentitud y en voz alta.

-Gōru… den… Wī… ku? – Susurró lentamente a la vez que levantaba el rostro y contemplaba frente a su escritorio a aquel ninja que tan animosamente había puesto ese documento sobre su sitio de trabajo, mismo que le miraba expectante, ansioso por una respuesta. Gaara esta vez unió los vocablos, dándole sentido a las palabras - ¿Semana dorada? – Preguntó un tanto extrañado – ¿Acaso es un festejo Lee? – Frente al joven Kazekage, estaba Rock Lee, quien no pudo evitar esbozar una gran sonrisa.

-¡Yosh! ¡Eso es correcto Gaara-kun!– gritó con enérgica y masculina voz el azabache, provocando que el pelirrojo diera un discreto brinquito en su lugar ¿Tenía Rock Lee que gritar como si él estuviera casi sordo? - ¡No sabes cómo había esperado esta semana de fiestas Gaara! – Enunció el extrovertido pelinegro, mostrando como ya era su costumbre su pulgar en alto y el brillo de su sonrisa – Es una semana completa de fiestas, particularmente especial en Konoha, me sorprende que no la conozcas. Y además… - Esta vez el joven azabache pareció recobrar un poco de compostura, bajando un poco el tono de su voz. El Sabaku hubiera jurado que también había visto un ligero sonrojo en su rostro - Es la oportunidad perfecta de que los jóvenes pasen tiempo juntos ¡La semana dorada! – sentencio con su conocidísimo ánimo.
El pelirrojo guardo silencio durante largos momentos, tratando de entender del todo lo que el exuberante pelinegro trataba de explicarle, cosa difícil, siendo que a duras penas lograba comprender a su tierno novio…

Oh sí, ese detalle.

Gaara suspiro al pensar en ello nuevamente: Lee y él eran novios.  Asombrosamente estaban cerca de cumplir su primer año como pareja... Apenas podía creerlo. A Gaara le había quedado claro desde la primera semana de noviazgo, que estaba envuelto en una agitada e inusual relación. Y es que sin importar lo estoico y a veces frívolo que pudiera ser con él, Rock Lee no parecía perder el interés y el afecto por el joven Kazekage. Lee era sin duda alguna, la testarudez personificada y había llegado a la vida de Gaara con toda la intención de quedarse para siempre. Aún a esas alturas, el ojiverde parecía no estar acostumbrado del todo a la compañía del extremista, adicto al entrenamiento e incuestionable amo del taijutsu, Rock Lee.
Pensó en la pobre de Temari, específicamente la sorpresa de su rostro cuando le hablo de que por fin tenía una pareja, y desde luego también recordaba la injustificada expresión de terror que tuvo; cuando se enterara de que su novio era ni más ni menos, que el mismo chico de grandes cejas de Konoha. El mismo que alguna vez luchara contra él en los exámenes chuunin.

Kankuro por su parte, fue mucho más sutil que la rubia y pareció no tan sorprendido de la noticia. Lejos de sentir horror al saber de ello, lo único que sintió fue una excepcional curiosidad, y armándose de un valor igualmente excepcional se atrevió a preguntar lo que hasta el momento, era el tema de conversación predilecto entre Konoha y Sunagakure.

¿Por qué Lee?

Y siendo honestos, Gaara tampoco sabía concretamente la respuesta.

El Kazekage levanto el rostro, mirando al azabache; quien hablaba de sin parar de las maravillas que aquella semana de festividades preparaba para las personas “jóvenes” y entusiastas de Konoha. El joven Sabaku sonrió en sus adentros al mirar el brillo en sus ojos negros y la gentil sonrisa del mayor que aumentaba conforme la emoción del azabache. Era imposible no contagiarse, aunque fuera un poco por la pasión de sus palabras y la euforia de todo lo que hacía.

Era cierto que todo lo que respectaba a amor y romance; era un terreno aún demasiado nebuloso y confuso para el joven Kazekage de la arena, pero sin importar cuán desconocido fuera, sabía que algo especial le ocurría cuando Lee estaba muy cerca de él. Y podía sentir una ligera opresión en su pecho y en su mente, que se acrecentaba conforme más próximo era el azabache, sus pensamientos eran confusos, distantes, y un nerviosismo que ni en los peores momentos de su vida había experimentado se posesionaba de cada centímetro de su cuerpo.  Miraba el brillante cabello azabache de Lee, los adorables ojos y esa sonrisa que fácil y cómodamente hubiera observado toda la vida. Sin notar en que momento ocurrió, la ausencia de Lee comenzó a provocar en él un doloroso nudo que se retorcía sin piedad en su estómago y en un espantoso dolor de cabeza. Su presencia dejo de ser solo eso, se volvió algo confortante e indispensable en su vida. Mucho tiempo no entendió que era todo eso…

-“Se llama amor Gaara” – había dicho Kankurou en una ocasión; hablando con toda la tranquilidad del mundo – “Si alguien te hace sentir así, es porque te gusta” – Y aunque no convencido del todo, era una respuesta lógica para el ojiverde. Lógica y aceptable.
Si “Gustar” era eso, bueno. Entonces Lee siempre le había gustado.

Desde la primera vez que se vieran. Solamente que un principio, Gaara lo había atribuido al demonio de su interior, y a su continua sed de sangre y violencia. Esos instintos eran lo suficientemente fuertes como para sepultar lo que el realmente sentía hacia Lee. Desde algún tiempo sin embargo, el biju había estado relativamente tranquilo, casi adormecido, permitiendo con ello que las molestias del pelirrojo cuando Lee estaba alejado, fueran mayores con cada día que pasaba. Y conforme más trataba de prescindir de el,  su incomodidad crecía con la distancia. Finalmente pensó que un poco de cercanía, no le podía hacer tanto daño.

¿Cierto?

-¿Cierto?  - Gaara levanto el rostro al notar que Lee se dirigía a él -  ¿Qué dices Gaara-kun? – insistió el tierno azabache, sacando al pelirrojo de sus pensamientos - Pensé que ya que estamos de paso en Konoha… Podríamos ir al festejo de la semana dorada. Mañana mismo comienza –

Bien, quizás se equivocaba…

El pelirrojo suspiro, sin mirar directamente al emocionado chuunin. Sabía que aquello era importante para Lee, después de todo, el chico lo había dejado todo para estar con él. Incluso la lealtad a su aldea… El pelirrojo levanto el rostro, mirando como en la cintura de su querido ojinegro, ahora pendía una bandana con el símbolo de Sunagakure.

Siendo Gaara el Kazekage, jamás podría abandonar Sunagakure, y Lee lo sabía. Si realmente deseaba estar con él e iniciar una relación formal, tendría que ser Rock Lee quien renunciara a su aldea para lograrlo. Debería olvidar a su familia, a sus amigos y su hogar, debía romper los vínculos de lealtad y honor que había jurado y dar la espalda a la aldea que lo había convertido en shinobi, olvidar absolutamente todo lo que era… para estar al lado de una persona que a juicio de todos, incluido Gai-sensei, quizás no lo amaba. No parecía algo factible… Pero eso no lo amedentro, y con una sonrisa en el rostro y ante la inmensa sorpresa de sus amigos y del mismo Gaara, Rock Lee había aceptado pertenecerle.

El joven Sabaku suspiro, pensando en todos esos sacrificios.  Aún si aquello era importante para el azabache, el ojiverde no estaba en Konoha en un viaje de placer. Estaba meramente haciendo encomiendas políticas, entregando tratados, acudiendo a jornadas fatigantes y juntas aburridas… Lo cierto es que apenas y había visto a Lee esa semana.

-No creo que sea posible... Tengo cantidades de trabajo que hacer aún Lee… - sentenció, quebrando con ello las románticas expectativas del mayor.

Una expresión de completa decepción surco el rostro del chico de gruesas cejas.  No era una respuesta que no esperara; y era una reacción bastante predecible por parte del frío Kazekage. Aunque no por ello dejaba de sentirse triste, realmente hubiera deseado compartir esa semana al lado de la persona más querida por él. Aquella expresión de decepción no pasó desapercibida para Gaara, quien inevitablemente percibió una pizca de remordimiento anidándose en su pecho… Ese Lee, siempre sembrando esas sensaciones en él.  

-Lo siento – susurró muy quedamente el Sabaku, pero con honestidad.

Rock Lee le miro por algunos segundos, solo para esbozar una sonrisa de afecto y comprensión. Bien, ser el novio del Kazekage no era tarea nada fácil, eso estaba por demás claro. Pero a él le gustaban los retos, y no había mejor reto que el más joven de los Sabaku ¿O no?

-Lo entiendo Gaara-kun, primero es tu deber – dijo el mayor recobrando su característico ánimo y algarabía de inmediato - ¡Yosh! Si tú pasas el día trabajando, te apoyaré. ¡Y yo también lo haré! ¡Serán veinte flexiones por cada hoja de tu escritorio! -  prometió con ardiente optimismo antes de tenderse en el suelo e iniciar el conteo.

-Lee… - regaño el pelirrojo. Bien, a veces tampoco era fácil ser el novio de un genio del taijutsu.

-Oh… Cierto, debes concentrarte – El chuunin se puso de pie sonriendo tiernamente para él – Saldré a entrenar fuera entonces, quiero que termines lo antes posible. Quiensabe… Quizás podamos ir al último día de la semana dorada si te dejo trabajar ¿No lo crees? – cuestionó aún con algo de esperanza.

-Quizás… - respondió Gaara sin mucho ánimos, tomando una hoja del escritorio y comenzando a leerla.

-¡Iré a entrenar entonces! – reitero el mayor. Antes de que Gaara fuese capaz de rechazar su cercanía, tenía los labios del pelinegro rozando contra los suyos en un tenue y casi invisible beso que apenas duro unos segundos. Era evidente que Lee hubiera deseado probar por más tiempo los suaves labios del Sabaku, por otro lado tampoco quería incomodarlo mucho y terminar sepultado por la arena. Y del mismo modo en que se acercara, se alejo rápidamente, tomando su mochila y regalándole otra sonrisa a su malhumorado y querido pelirrojo - ¡Regresare tarde! – gritó antes de salir de la habitación y dejar sólo a Gaara.

El pelirrojo suspiró hondamente, siempre lo hacía cuando Lee se iba. Al principio sus suspiros eran un tanto de alivio, pues le gustaba el silencio y la tranquilidad. Ahora  ya no estaba tan seguro. Comenzaba a creer que suspiraba de tristeza cuando Lee se apartaba de su vista, y que extrañaba su desenfrenada persona.

Shukaku bostezó lentamente, entreabriendo sus orbes doradas y mirando a su alrededor a través de los ojos de Gaara.

-"¿Lee-chan no nos hará compañía hoy, eh?" – susurró el demonio, quien para su propia sorpresa también se había habituado a la presencia de Lee.

-No. Estoy ocupado y él no quiere ser una molestia para mi –entrecerró sus ojos entintando su pluma y escribiendo – Deberías de aprender de él y dormir de nuevo Shukaku – reitero el pelirrojo reanudando sus tareas y fingiendo que el demonio tanuki no le estaba hablando.

-"Ja, imposible" – Reitero el biju- "No puedes pedirme que me duerma después de tanto descanso, y menos cuando habrá luna llena" -  

El Sabaku detuvo su plumilla entonces, y su lívido rostro empalideció un poco más. Miró rápidamente el calendario de su mesa. Luna llena… era cierto ¿Cómo lo había olvidado? De haber reparado en ese pequeño detalle habría postergado una semana su viaje a Konoha. Shukaku rió adivinando el porque de su nerviosismo. Las noches de luna llena eran las peores para Gaara… Incluso solía pasarlas vigilado por sus ninjas ¿Cómo se había olvidado de algo tan importante sin tomar las precauciones debidas?

-"Cálmate Gaara" – insistió el ente dentro de él al percibir su temor – "No haré nada, me quedare aquí y seré bueno" – alegó con una débil risa al final- "A decir verdad… Creo que deberías preocuparte más por ti mismo que por este apuesto demonio je" –

-¿De qué rayos estás hablando Shukaku? – preguntó un tanto desconcertado.

-"Ohhh de nada en particular Gaara" –reitero el tanuki removiéndose perezosamente. Sin que el pelirrojo supiera porque, Shukaku parecía estarse divirtiendo mucho por algo – "Además sería una lástima en verdad que te dijera lo que sé. Siendo que tú lo descubrirás a su debido tiempo. Ahora trabaja niño, mientras puedas hacerlo" – Ese demonio sabía algo… Y no podía ser bueno. El ojiverder sin embargo, no quiso indagar más.  Rogaba que solo fuera otra broma por parte del monje, y realmente estaba ocupado como para prestarle atención.

-Escucha quiero te comportes. No importa si es luna llena o no, me es imposible ocuparme de ti – finalizó con voz estresada. Lo último que necesitaba era la presencia de Shukaku molestando – Además… No me he sentido bien últimamente, de verdad no es buen momento – Esta vez el monje no pudo evitar sonreír socarronamente.

-"Al contrario niño, es el momento perfecto" – sentenció sin recibir respuesta del pelirrojo.

*

Mientras Gaara discutía con su demonio interno, Lee se alegraba de haber elegido un hotel para su hospedaje en lugar de haberlo llevado a su sencillo departamento. Pese a la insistencia del pelirrojo por hospedarse en casa del chunin, Lee prefería la privacidad y las comodidades de un hotel para su testarudo Kazekage. Sonrió al pensar en eso, le habría encantado que Gaara se quedara en su departamento y durmiera ahí… quizás en otra ocasión. Salió rápidamente de la habitación, cerrando cuidadosamente la puerta de la misma y colocando sobre la perilla uno de aquellos  letreritos de “No molestar”, rogando que fuera suficiente para que el resto de los huéspedes y trabajadores del hotel dejaran trabajar cómodamente a Gaara.

-Sabes – se escuchó una voz a espaldas del pelinegro – Por lo regular cuando se coloca uno de esos letreros, uno debe quedarse dentro de la habitación, no fuera – El joven ninja del taijutsu suspiró, reconociendo al instante la alegre voz.

-Gaara-kun estará algo ocupado y no deseo que lo interrumpa nadie. Sólo por eso lo coloque - El azabache cerró los ojos, buscando paciencia para su súbita compañía – Pero gracias por el consejo, Naruto-kun – dijo girándose y mirando al rubio con una sincera sonrisa, sin importar el comentario estaba feliz y sorprendido de verle ahí. A su lado, Sakura y Sai  también ofrecieron un saludo al chico azabache.

-Así que era cierto, regresaste – repuso la pelirrosa sonriendo amablemente para su amigo.
– En cuanto Gai-sensei se entero de tu regreso a Konoha quiso venir a buscarte – repuso Naruto llevando sus brazos a la nuca - Pero estaba bastante ocupado. Asi que nos pidió venir por ti cejas encrespadas -

El rostro de Lee se ilumino al escuchar eso ¡Así que Gai-sensei! Vaya, hace mucho que estaba deseando verlo. De momento le parecio un poco raro ver a los chicos del equipo Kakashi distraerse de sus labores, solo para buscarlo. Aunque supuso que después de estar lejos tanto tiempo, era natural que incluso ellos se dieran tiempo de estar con él. Sonrió agradeciendo las atenciones. Sai por su parte, camino cerca de Lee, inclinándose y mirando tranquilamente el letrero en la puerta.

-Tal vez exagero ¿Eh? – Susurró el maestro del taijutsu rascando su mejilla.

-Bueno – El pintor se levanto dirigiéndose a Lee - Parece que hoy tampoco festejarás ¿eh? – Repuso Sai con toda naturalidad; provocando un leve rubor en las mejillas del otro ojinegro – Vamos, sólo es una expresión que escuche por ahí – repuso mirando al chico Uzumaki.

-¡Oye! No me entrometas Sai – El rubio sin embargo, no tardo en esbozar una sonrisa algo incriminatoria – Eh Lee, ¿Es cierto lo que dicen por ahí? Que Gaara y tú... -

-¡Eh! ¡Ya basta ustedes dos! – dijo Sakura, siendo la más sensata y comprensiva de los tres – Gomen ne Lee-san… -

- No hay problema Sakura-chan – murmuro sonriente el azabache. De hecho no era nada que Lee no hubiera escuchado desde su llegada a Konoha. Y entre los rumores, no faltaba esa pregunta, que aunque había quedado incompleta, Lee conocía perfectamente en que terminaría. Lo sabía porque incluso los hermanos de Gaara la habían hecho con desmedida curiosidad. Su relación amorosa con el Kazekage no era secreto para nadie,  lo que todo mundo deseaba saber era: ¿Hasta dónde habían llegado como pareja?

La realidad, es que aunque le gustaría más romance en su vida, Gaara y el no habían ido más allá de un par de besos y caricias. Aún cuando había momentos en que era inevitable pensar más allá. Después de todo, Lee había cumplido diecisiete años el otoño pasado, era natural que pensará en cosas de ese estilo... Por Kami, a veces era imposible no pensarlas. Había ocasiones en que Gaara era particularmente atractivo a sus ojos, Lee miraba sus irresistibles orbes de color aguamarina, sus delgados labios y la nívea piel… Bajaba su vista, perdiéndose en la elegancia de sus movimientos y las definidas formas de su esbelto cuerpo, curioso y deseoso de conocer la delicada piel que se ocultaba bajo el sobrio atuendo de Kazekage. Gaara era misterioso, casi inalcanzable… Tal vez era eso lo que lo hacía desearlo tanto.

La intimidad sin embargo, era algo que Lee no estaba dispuesto a pedir ¿Lo añoraba? Por supuesto, la simple idea lo enloquecía. Pero el jamás se habría atrevido a decírselo a Gaara. No importaba cuan estoico y carente de emociones pudiera parecer, habría sido torturarlo innecesariamente. Y Lee jamás le habría dado una carga de esa magnitud. Quizás el chuunin estaba preparado para algo así ¿Pero y si Gaara no? Quizás rechazaría la oferta, en el mejor de los casos. Pero también podría aceptar, forzado por la iniciativa de Lee, algo que el mismo nunca se perdonaría. Amaba y respetaba demasiado a su pelirrojo para hacerle algo así. No, lo mejor era esperar… El problema era ¿Cuánto tiempo necesitaba su pelirrojo?

-¿Estás bien Lee? – Pregunto la pelirrosa al notar un rubor apoderarse de las mejillas de Lee.

-¿Eh? – el mencionado no pudo evitar una sonrisa algo tonta – Claro que si, gracias Sakura-san –

-Bueno, vamos – Naruto emprendió la marcha – El maestro cejas encrespadas no va a esperarte todo el día –

-Claro – el azabache les siguió, no sin antes dar un vistazo a la habitación de hotel donde estaban hospedados. Deseaba tardarse un poco después de todo, darle el tiempo necesario para que terminara su trabajo. Pero no demasiado… Lee estaba perfectamente consciente, después de todo, aquella noche habría luna llena – Y tengo que cuidarlo… - susurró en un hilillo de voz –

-¿Dijiste algo Lee? – Sakura giró el rostro mirando al azabache que se estaba quedando atrás.
Lee negó de inmediato, con una radiante sonrisa en el rostro y siguiendo a la pelirrosa.

*

Continuará
La Semana Dorada
Nota 1: Un fanfic pequeño, de cuatro o cinco capitulos a lo sumo, que no tiene mucho que ver con las fechas. Pero que es un pequeño regalo a Gaara por ser hoy su cumpleaños -Algo tarde, pero aún es su cumpleaños - ¡Felicidades Gaara-chan!



Nota 2: Gōruden Wīku o Semana Dorada. Hace alusión a cuatro festejos nacionales de Japón, principalmente encaminados a celebrar las antiguas tradiciones japonesas, el respeto por la naturaleza, la juventud y el amor a la familia.

*

Advertencias: Yaoi, Angst, Hurt-Confort, Fluffy, Lemon (?) xD

*

Todos los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
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Thu Jan 19, 2012, 4:54 PM


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  • Listening to: Carina Round - Oh Leaving
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:icontaleoftails:
taleoftails Featured By Owner Mar 22, 2015   Digital Artist
Thanks for the watch~
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:iconvillaintypegirl:
VillainTypeGirl Featured By Owner Mar 20, 2015  Hobbyist Writer
Thank you for the watch!
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:iconchristian1383:
christian1383 Featured By Owner Mar 28, 2013  Hobbyist Digital Artist
Thanks a lot for the watch:)
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:iconxin-yii:
Xin-yii Featured By Owner Mar 17, 2013  Student Filmographer
Commission done honey. :heart: [link]
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:iconbloodlust-okami:
Bloodlust-Okami Featured By Owner Mar 3, 2013  Hobbyist General Artist
Thank you for watching. =]
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:iconmelancholyrhinestone:
MelancholyRhinestone Featured By Owner Jan 17, 2013  Professional General Artist
te lo dije hahaha la animaci˛n es una completa mierdaaaaaaaaa estan todos mal dibujados en serio....y si sale la Mat**** y puro relleno y mas aparte ahora resulta que el cabello de la karura es casta˝o como el de la piru piru hahaha
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:iconyerhon:
Yerhon Featured By Owner Jan 19, 2013  Professional Writer
Lo sÚ xD Me indigna que metan a esa vieja, pero total. Lo ˙nico que vale la pena es escuchar a Hiko jajajaja De menos pregunto por el novio XP
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:iconmelancholyrhinestone:
MelancholyRhinestone Featured By Owner Dec 18, 2012  Professional General Artist
Gaara: amor, estas bien?
Reply
:iconyerhon:
Yerhon Featured By Owner Dec 18, 2012  Professional Writer
Lee: *lo abraza* Ahora lo estoy
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:icondiosmaligno:
DiosMaligno Featured By Owner Nov 28, 2012   Digital Artist
Thanks for watching~ :love:
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